Esa noche se durmió en seguida. Su cansado cuerpo de anciano le exigía un descanso, y debía cubrir su necesidad de inmediato, aunque tuviera que levantarse de esa cena familiar. Entre sus parientes era muy conocido por el temor que tenía a morirse, y todos intentaban tranquilizarlo: "Hay otra vida mejor que ésta" ... "Estarías en paz" ... "Aún te queda mucho". Él pensaba con desprecio "Bah... qué saben ellos..."
Segundos después de dormirse, se encontraba viendo su propio entierro. La gente lloraba mientras su hijo daba un discurso. La imagen era perturbadora: podía ver su propio ataúd en medio de la gente, y él sólo estaba como espectador. Aterrado, quiso despertar de ese mal sueño, mas sus esfuerzos fueron en vano. Corrió hasta su casa; las distancias se hacían más cortas y el tiempo pasaba más rápido. Desesperado, intentó cortarse para sentir pánico y obligarse a despertar. Se enterró un cuchillo en el estómago, se quemó directamente con el fuego de la cocina. Finalmente lo logró tirándose de un gran edificio.
Cuando despertó no podía ver nada. Rió. Se felicitó, aliviado: "Fernández, venciste a la muerte".
Felicidades, Fernández. Ahora intenta salir de tu ataúd.
Segundos después de dormirse, se encontraba viendo su propio entierro. La gente lloraba mientras su hijo daba un discurso. La imagen era perturbadora: podía ver su propio ataúd en medio de la gente, y él sólo estaba como espectador. Aterrado, quiso despertar de ese mal sueño, mas sus esfuerzos fueron en vano. Corrió hasta su casa; las distancias se hacían más cortas y el tiempo pasaba más rápido. Desesperado, intentó cortarse para sentir pánico y obligarse a despertar. Se enterró un cuchillo en el estómago, se quemó directamente con el fuego de la cocina. Finalmente lo logró tirándose de un gran edificio.
Cuando despertó no podía ver nada. Rió. Se felicitó, aliviado: "Fernández, venciste a la muerte".
Felicidades, Fernández. Ahora intenta salir de tu ataúd.
